ocurrencias 2_ Un burro volando (Todo esto es por tu bien)

Imagino que en la calle, un amigo me dice: “¡Mira! ¡Un burro volando!”. Yo miro, porque siempre miro, por si acaso (no tengo claro si esto es una tara o un superpoder). Y esta vez, hay un burro volando.

Ahora no tengo más remedio que imaginar qué clase de burro es, si usa o no un medio de propulsión, y cómo ha alcanzado esa localización tan insólita en un burro.

Para no ponérmelo demasiado fácil, parto del supuesto de que es un animal real de carne y hueso, y no un globo de helio con forma de burro. Además, está volando y no cayendo, una diferencia fundamental que espero no tener ocasión de comprobar empíricamente. Lo sé, porque sé que no ha caído de la bodega de un avión: Ninguna de las compañías aéreas que he consultado incluyen los burros entre los animales de compañía que se pueden transportar (¿es el burro un animal de compañía). Lo más aproximado que he encontrado a la posibilidad burro-avión han sido empresas de transporte aéreo de caballos para participar en competiciones internacionales. Hasta donde yo sé, no hay competiciones internacionales de burros. Descarto que haya caído de un avión.

Ya hemos dicho que es un animal real, así que no puede tener alas. Para volar sin medio de propulsión alguno debería levitar. Si hay un ser al que imagino capaz de levitar, desde luego es el burro (y tal vez la tortuga). Pero si yo fuera burra me guardaría muy mucho de mostrar públicamente esta habilidad. Mis ancestros ya habrían movido suficientes ruedas de molino como para arriesgarme también a ser empleada como ascensor.

Es obvio, pues, que el burro cuelga de un parapente, y que está viviendo una experiencia multiaventura.

El vivir una experiencia propia de otra especie es poco habitual, pero a veces sucede. Está, por ejemplo, el fabuloso caso de Thomas Thwaites, que decidió tomarse unas vacaciones de ser humano y pasar unos días viviendo como una cabra en los Alpes1.

goatman
Foto: Tim Bowditch


Ser cabra por un rato me parece un objetivo loable en la vida, y defendible por muchos motivos. El de mayor peso es que lo hace porque le da la gana y que se le ha ocurrido a él sólo2.

Pero, aunque puedo sin problema imaginar que los burros tengan la capacidad de levitar; no consigo convencerme a mí misma de que un burro decida voluntariamente montar en parapente. Así que alguien ha debido ponerle allí: su humano de compañía. Sin duda, con muy buenas intenciones. Sospecho que éste ha cometido nuestro habitual error de creer que lo que es provechoso y divertido para uno mismo, debe serlo también para los demás. Convencido de que el burro no iba a vivir una existencia completa sin experimentar la libertad de alzar el vuelo, ha invertido mucho tiempo, esfuerzo y dinero en hacer su sueño (el sueño de él, no del burro), realidad.

Este sí me parece un escenario posible. Soy consciente de que mi convicción de que las tortugas puedan levitar no se sostiene por ningún lado; pero no creo que nadie ponga en duda la capacidad (y acusada tendencia) humana para salvar la vida, por su bien, a quien no necesita ser salvado. Por su bien, y con todos los medios a su alcance: desde el benévolo consejo al tortazo arreado con la mano abierta; o el especialmente terrorífico método del escarnio público que consistía en emplumar, embrear y colgar un cartel explicativo de lo mal que te has portado.

Así pues, mi amigo me dice :”Mira, un burro volando”, y yo, que siempre miro, descubro (¡albricias!) que en el cielo hay un burro flotando majestuoso y tan atónito que ni rebuzna.

No tengo forma de contactar con el humano de compañía para preguntarle si nota que el burro se sienta más realizado, pero a mí me ha hecho un hermoso regalo. Tras haber comprobado que por fin hay un burro volando, ya puedo afirmar categóricamente lo siguiente:

Que Todo El Monte Es Orégano

Que Éste Es Un País Libre

Que Si Pides Peras A Un Olmo Comerás Peras

Y que todo va a salir bien.

Notas:

1: Thomas Thwaites , autor del libro “GoatMan, How I Took a Holliday From Being Human”, es un diseñador anglosajón interesado en tecnología y ciencia. Para este proyecto, diseñó y encargó un exoesqueleto que le ayudara a moverse y sentirse como una cabra. También probó una técnica neurológica llamada estimulación magética transcraneal para “apagar” temporalmente su capacidad de habla. En esta entrevista describe sus motivaciones y conclusiones después del experimento. Y, para más información acerca del diseño del exoesqueleto y otros detalles técnicos, pincha aquí. Volver al texto

2: Mi amiga V afirma que los humanos tenemos de media tres ideas propias en toda la vida, y que el resto son repeticiones y variaciones de lo que hemos oído o nos han enseñado. Yo comparto su opinión, aunque tengo mis dudas acerca de si yo voy a conseguir tener una sola de estas ideas. Creo que esta extravagante actividad del señor Thwaites es una idea propia suya, y aunque sólo sea por eso, me merece un respeto. Volver al texto

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